Publicado en Mitos y Leyendas

La leyenda de las cuevas de Yucatán

En la península de Yucatán existen numerosas cuevas, cuya construcción los historiadores atribuyen a los mayas. El hecho de que los actuales indígenas relacionen las cuevas con seres tenebrosos que impiden la entrada a sus refugios, tiene su justificación al escuchar los cientos de relatos que existen en torno a ellas. En la Mosquitia, región pantanosa de Honduras y Nicaragua, se cuenta que las cuevas son habitadas por espíritus malignos, al igual que en Santa Bárbara, Choluteca, Comayagua y muchas otras.

Entre los antepasados mayas existió un alcalde de la Vara Alta en la época de la conquista de los españoles. Como éstos se mostraron muy crueles, los principales caciques indígenas, descendientes de los antiguos mayas, se refugiaron en cuevas que para el enemigo eran imposibles de penetrar. A ese lugar la gente del pueblo les llevaba comida y ropa cautelosamente, pues así lo había ordenado la Vara Alta. Sin embargo, todos ellos perecieron en el interior de las cuevas, al igual que los indígenas que tenían conocimiento de las mismas. Es por ello que forman parte de las leyendas de las cuevas.

¿Pero quiénes eran estas misteriosas criaturas ocultas en las cuevas? Cuando los españoles conquistaron el antiguo territorio maya, se obligó a los nativos a profesar el cristianismo. Los que se negaban eran juzgados ante la Inquisición y a los cuales se aplicaban severas condenas si practicaban ritos antiguos, aunque hubieran sido bautizados. A los que habían sido sacerdotes o guías espirituales, se les consideraba como herejes o brujos, y eran quemados en la hoguera.

Muchos de éstos murieron entre las llamas; sin embargo, otros tantos fueron rescatados por los propios indígenas, que los ocultaron en el interior de la cuevas, que hasta entonces eran desconocidas por los españoles. Al paso del tiempo todos los fugitivos murieron en el interior de los solitarios refugios, rodeados por sus objetos sagrados, los cuales habían extraído de las pirámides y los templos de sus antepasados. Murieron también todos aquellos que conocían el secreto de aquellas guaridas subterráneas, guardando consigo también la leyenda que hacía años circulaba por las selvas, la cual contaba que los españoles arribarían a tierras mayas.

Cierto día una bella joven perteneciente al Petén, caminaba como habitualmente solía hacerlo por la selva, cuando fue sorprendida por una enorme silueta que se dirigía hacia un lugar peligroso. La joven, que conocía la zona como a la palma de su mano, quiso advertirle que de continuar por ese camino sólo hallaría la muerte:

—¡Deténte!, no sigas por ese camino —decía la joven con insistencia.

Mas el desconocido ser parecía no prestarle la más mínima atención, ya qué continuó no sólo por ese camino, sino que apresuró su andar, mientras que la bella joven continuaba advirtiéndole el peligro:

—¡No vaya hacia allá, es peligroso! —pensando en que faltaba poco para encontrarse con las cañadas, lo cual representaría la muerte segura para el forastero.

Al continuar su andar, la joven trataba de adivinar de dónde provenía aquel sujeto que no escuchaba sus advertencias.

Se cuenta que al llegar a la orilla de las cañadas, la joven hizo un esfuerzo por no caerse, mientras miraba cuál había sido el lugar exacto en donde aquel pobre sujeto ignorante de sus advertencias había caído:

—¿Estará vivo? —se preguntaba.

Sin embargo, estaba de más saber que cualquier sobreviviente en aquellas cañadas sería presa fácil de algún animal salvaje. Por lo que sin pensarlo más, regresó al pueblo para dar aviso de lo ocurrido. Cuando los mayas llegaron al lugar señalado por la joven, no encontraron más que unas pisadas que daban paso a la entrada de una cueva desconocida.

—¿Podría ser enemigo? —se preguntaron, pensando en llamar a los guerreros.

—Deberíamos asegurarnos —dijo quien estaba al mando.

De esta manera entraron con antorchas encendidas a la cueva. Allí no encontraron a ningún hombre; por el contrario sólo hallaron restos de viejos moradores. Quienes cuentan la leyenda se contradicen en lo que les ocurrió después, ya que algunos cuentan que sólo una sombra en la oscuridad les habló explicándoles los peligros que vendrían y otros tantos aseguran que fue una serpiente gigante la que les dio el augurio:

«Esta cueva debe ser explorada por su pueblo, quienes la deberán conocer de extremo a extremo, ya que grandes peligros se acercan. Éste será su refugio ante los barbados que llegarán de las aguas, devorando toda tierra».

Los mayas obedecieron la advertencia creyendo que éste había sido un mandato de sus dioses. Décadas más tarde aquellas cuevas sirvieron como refugio para que muchos de ellos lograran sobrevivir por un tiempo. De esta manera se dio vida a la leyenda de seres extraños que merodean en el interior de los millares de cuevas de la tierra maya.

Deja un comentario