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LAS COSAS QUE PERDIMOS EN EL FUEGO, DE MARIANA ENRIQUEZ
LAS COSAS QUE PERDIMOS EN EL FUEGO Mariana Enriquez La primera fue la chica del subte. Había quien lo discutía o, al menos, quien discutía su alcance, su poder, su capacidad de desatar las hogueras por sí sola. Eso era cierto: la chica del subte solamente predicaba en las seis líneas de tren subterráneo…
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El jorobado, de Arthur Conan Doyle
UNA noche de verano, pocos meses después de casarme, estaba frente al hogar fumando una última pipa y cabeceando de sueño a causa de un día de trabajo agotador. Mi mujer se hallaba ya en nuestro dormitorio y hacía poco que había oído cerrarse la puerta; la servidumbre, pues, se había retirado también. Apenas me…
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Fénix Brillante, de Ray Bradbury
Era un día de abril del año 2.022, la gran puerta de la biblioteca restalló, secamente, como un trueno. Hey, pensé. Jonathan Barnes estaba en las cortas escaleras que ascendían hasta mi escritorio, enfundado en su uniforme de la Legión Unida que le caía tan mal como hacía veinte años. Su altanera agresividad, marcada en…
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El peatón, de Ray Bradbury
Penetrar el silencio que había en la ciudad a las 8 en punto de una brumosa tarde de noviembre, al caminar; poner los pies sobre el agrietado concreto de la acera y pasar sobre la hierba, con las manos en los bolsillos, parecía indicar el camino. Atravesar el silencio, eso era lo que al Señor…
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El teléfono del Señor Harrigan, de Stephen King (parte 4)
La necrológica de Kenneth James Yanko no se publicó en el Sun de Lewiston hasta el martes, y solo decía «Falleció de forma repentina como resultado de un trágico accidente», pero el lunes la noticia ya corría por todo el colegio, y naturalmente radio macuto empezó a emitir a todo tren. Estaba esnifando pegamento y…
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El teléfono del señor Harrigan, de Stephen King (Parte 3)
El sobre contenía una sola hoja, y era el característico comunicado de Harrigan: sin sentimentalismos, ni siquiera un «Apreciado» en el encabezamiento, derecho al grano. Se lo leí en voz alta a mi padre. Craig: Si estás leyendo esto, he muerto. Te he dejado 800.000 dólares en un fideicomiso. Los administradores son tu padre y…