Estos relatos forman parte de la obra maestra del profesor de antropología James George Frazer, conocida como La Rama Dorada, que constó de 12 volúmenes y trató de manera comprehensiva el tema de la magia y la superstición en la sociedad. A partir de La Rama Dorada han surgido muchas otras historias fantásticas, y una de las más conocidas es La Tierra Baldía, de T.S. Elliot.
La cámara mágica
Una vez, en una aldea de la parte baja del Río Yukón, se dispuso un explorador a tomar su cámara fotográfica una vista de la gente que transitaba por entre las casas. Mientras enfocaba la máquina, el jefe de la aldea llegó e insistió en fisgar bajo el paño negro. Habiéndosele permitido que lo hiciera, estuvo contemplando atentamente por un minuto las figuras que se movían en el vidrio esmerilado, y después, de súbito, sacó la cabeza y gritó a la gente con toda su fuerza: “Tiene todas vuestras sombras metidas en la caja»
La dama eterna
Otro relato, recogido cerca de Oldenburgo, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y que deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en la iglesia. Todo estaba ahí, en la iglesia. Todavía estaba ahí, en la Iglesia de Santa María, en Lubeck. Es del tamaño de una rata, y una vez al año se mueve.
Venta de vientos
El arte de amarrar al viento con tres nudos, de tal modo que según se vayan aflojando, el viento sople cada vez más fuerte, ha sido atribuido a los brujos de Laponia y a las brujas de Shetland… Los marinos de Shetland todavía compran vientos en forma de pañuelos anudados o de cuerdas, de las viejas que pretenden regir las tormentas; se dice que hay viejas comadres de Lerwick que viven de vender los vientos.
Poema malayo
Un poema malayo relata cómo una vez había en la ciudad de Indrapoore un comerciante rico y próspero, pero que no tenía hijos. Un día que paseaba con su mujer encontraron una niñita de tierna edad y bella como un ángel. La adoptaron y la llamaron Bidasari. El mercader mandó hacer un pez dorado y dentro de este pez transfirió el alma de su hija adoptiva. Después puso el pez dorado en una caja de oro llena de agua, y la ocultó dentro de un estanque, en medio de su jardín.
Con el tiempo la niña llegó a ser una preciosa mujer. En este tiempo el rey de Indrapoore tenía una reina joven y hermosa que vivía con el temor de que el rey pudiera tomar una segunda mujer. Así, sabiendo los encantos de Bidasari, resolvió la reina quedar tranquila respecto a ella. La llevaron, engatusándola, al palacio y la torturaron cruelmente pero Bidasari no podía morir a causa de no tener consigo su alma. Por fin, para que no la atormentaran más dijo a la reina: “Si deseáis que muera, mandad traed la caja que está en el estanque del jardín de mi padre”. De modo que trajeron la caja, la abrieron y allí estaba el pez dorado en el agua. La muchacha dijo: “Mi alma está en este pez; por la mañana sacad este pez del agua y al atardecer ponedlo otra vez en ella. No dejéis por cualquier lado al pez, sino atadlo a vuestro cuello. Si no lo hacéis, así, yo pronto moriré”. De esta manera la reina agarró al pez de la caja y se lo ató al cuello; aún no había terminado de hacerlo cuando Bidasari cayó desmayada. Pero al anochecer, cuando el pez fue devuelto al agua, Bidasari volvió otra vez a la vida. Viendo la reina que así tenía en su poder a la joven, la devolvió a la casa de sus padres adoptivos, que para salvarla de más persecuciones resolvieron sacar de la ciudad a su hija. Por esto, construyeron una casa en un sitio desolado y solitario y llevaron allí a Bidasari. Vivía sola sufriendo las vicisitudes correspondientes a la que soportaba el pez dorado donde ella tenía su alma. Todo el día, mientras el pez estaba fuera del agua, ella permanecía inconsciente; pero al anochecer, cuando ponían el pez en el agua, ella revivía. Un día el rey fue de caza y al llegar donde Bidasari permanecía inconsciente, quedó prendado de su belleza. Trató de volverla en sí, pero fue en vano. Al día siguiente, hacia el anochecer repitió su visita, pero todavía ella estaba inconsciente; sin embargo, cuando la obscuridad cayó, ella volvió en sí y contó al rey el secreto de su vida. El rey volvió a su palacio, cogió el pez que tenía la reina y lo puso en el agua. Inmediatamente Bidasari revivió y el rey la tomó por esposa.